¡Hola a tod@s!
Apenas faltan 20 días para comenzar un viaje para algunos, un sueño para otros, una experiencia vital para muchos y un desafío para tod@s, ¡estoy segura! No sólo para los que van por primera vez; también lo es para los más veteranos, porque cada año que pasa, este campamento se enriquece con las ilusiones renovadas de cada participante.
Esta botella al mar la escribo para aquellos “naúfragos” que por primera vez se acercan al mundo de la sordoceguera y decidieron participar como voluntarios en el campamento de verano. Ser los acompañantes y guías en sus vacaciones de verano. Y les escribo desde mi primera experiencia el año pasado…
Es impactante. Así, sin paños calientes.
Cada realidad es más compleja y a medida que van llegando más y más “niños y niñas” a la parada de guaguas, la primera sensación es la de sentirnos pequeñitos ante tanta inmensidad.
La inmensidad de sus sonrisas y su ilusión por pasar esa semana en el Campamento, y nosotros, que conocemos la manera de comunicarnos con ellos, parece que nos quedamos sin palabras qué decir, sin signos que dibujar en sus manos o en el aire…es normal. Nuestras caras se desencajan para que no parezca que somos “los nuevos”, pero lo somos, y ¡no pasa nada! (a pesar de haber participado en actividades con otras personas sordociegas; la diferencia en mi caso, era que no tenían discapacidades asociadas)
Lo cierto es que es nuestra primera vez.
Coordinadores y compañer@s nos van a repetir que tengamos confianza para dialogar cualquier dificultad, cansancio, problema o desconocimiento con el “niño o niña” que nos han asignado…pero claro, hay cosas que parecen obvias y me digo, yo que soy tan perfeccionista y responsable, y todo lo quiero hacer bien a la primera… ¿cómo le voy a preguntar esto? ¿y si planteo esta cuestión dudarán de mi entusiasmo por estar aquí? ¿y si confieso mi cansancio? ¿mi necesidad de hablar ante las dificultades? ¿me volverán a llamar el año que viene? -Uuuuuuffffff ¡mejor no digo nada! que ya me iré adaptando estos días-…pero los días pasan, porque apenas son 6, y es importante que seamos sinceros, que sepamos que los coordinadores no nos van a juzgar por hacerles preguntas, o plantearles dudas, ¡todo lo contrario! ¡para eso están!
Ellos también tuvieron su “primera vez”, y eso a mi se me olvidó.
Les escribo desde mi experiencia… así fue como yo lo viví el año pasado.
Me iba a dormir agotadísima después de darle el besito de buenas noches a mi “niña”, y ya en mi cama, en silencio, me cuestionaba cómo hacerlo mejor al día siguiente, cómo disfrutar yo con ella, pues me sentía incómoda por no sentir lo mismo que mis compis.
A mi se me notaba en la cara que “algo” no iba bien…y así estuve tres días hasta que me tocó hacer la guardia nocturna, y sólo ahí, de repente, cuando una voluntaria veterana me pidió ayuda, miré a mi alrededor y dije ¿yo? –Claro! ven, necesito que me ayudes con esta “niña”, por favor- No sé si sabré, le confesé…ella tan solo me sonrió con su mirada y me dijo, claro que sabes, por algo estás aquí, pero si tienes dudas de cómo hacerlo pregúntame porque necesito que me ayudes… y así fue como le pregunté qué necesitaba, y ella me lo explicó con total naturalidad, y cuando resolví esas dudas, aproveché esa complicidad del momento para preguntarle por tantas otras, y entre ella y mi coordinador esa noche resolví todas mis dudas, aclaré todos mis miedos, y sobre todo me di cuenta de que yo no era la única que pasaba por ese proceso: shock inicial, inseguridad personal, no querer dialogar por temor a meter la pata, o a no saber como van a reaccionar…
Esa noche descansé mejor que nunca, y eso que es el día que menos se duerme (ya verán ;)…pero me desperté feliz, entusiasmada, y lo más importante, tan solo tenía una preocupación: que mi “niña” lo pasara lo mejor posible.
Ya no había hueco en mi cabeza para pensar en mi inseguridad, mi angustia, mis preocupaciones…No. A partir de ese día éramos una. Mi “niña”, mi compi voluntaria y yo. Y sólo fue necesario conversar.
¡Tengamos esa confianza para hablar! No se olviden que todos tuvimos esa “primera experiencia”, que quizás no a todos les vino tan grande, pero les escribe alguien que se sintió muy insegura los primeros días, aún viajando con una gran amiga con quién hablar, porque cuando estábamos a solas mi “niña” y yo, andaba preocupándome por ella constantemente. Y ella, y ellos, no necesitan nuestra preocupación. Necesitan nuestra ocupación; que nos ocupemos de sus necesidades para que puedan desarrollar sus actividades, hacer realidad sus ilusiones libremente, por pequeñas o grandes que sean en base a sus limitaciones.
Aprendí que el mayor error que podemos cometer es ser nosotros, los voluntarios, su mayor limitación. Los “niños” nos dirán hasta donde pueden llegar. No nos preocupemos por eso, dejémosle libertad para que SEAN…sólo así descubriremos la magia que vive en su interior, y disfrutaremos con ellos, y como decía la canción que nos despedía el año pasado, seremos conscientes del significado de la palabra magia “magia es probar a volcar lo que hay en el fondo de ti, magia es verles sonreir”
Los voluntarios que ya hemos estado otros años, yo que sólo he estado uno, somos conscientes de lo que significa ir por primera vez, los coordinadores aún más…
¡Aprovechen la oportunidad! ¡Disfruten la experiencia! y así los “niños” la disfrutarán también, y si tienen dudas, sienten que la situación por momentos les supera, incluso dejan de sentir alegría para sentir pena por “ellos” hablen con nosotros, no esperen al tercer día, a la guardia nocturna, porque yo desaproveché tres días por miedo, y me arrepiento…y fue tan fácil como que alguien me ofreciera su ayuda. Desde aquí ya os la estamos ofreciendo, tomadla desde el principio para que todos y todas lo disfrutemos al máximo, y dejemos así que la magia entre en nuestros corazones… Magia es verles sonreir ;)
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