9 de febrero de 2008

Necrológica a mi abuela

Doña María Selina de Lorenzo-Cáceres

Abatidos. Así es como se encuentran los familiares y amigos de doña María Selina de Lorenzo-Cáceres y Torres que no se hacen a la idea de que no volverán a ver a esta extraordianria mujer.
Nacida en 1918 en la Finca "La Guadalupe", una propiedad familiar que, por aquella fecha, estaba situada entre el santacrucero Hotel Bruja y la avenida Benito Pérez Armas (actual club de tenis), Selina, como la conocían todos, pertenecía a una familia muy arraigada a la ciudad de La Laguna y pronto se trasladó allí para cursar sus estudios básicos en el colegios de Las Dominicas. Tras pasar por el Instituto de Canarias (actual Cabrera Pinto), y con la intención de estudiar la carrera de Farmacia, Selina inició su formación en Química en la Universidad de San Fernando, sin embargo, abandonó los estudios para contraer matrimonio con don Pedro Rumeu Mandillo que, por aquel entonces, era capitán del Ejército, aunque llegaría a ser un prestigioso general.
Muy pronto don Pedro fue destinado al Paí Vasco, lo que coincidió con el primero de los embarazos que Selina tuvo, por lo que ella se trasladó a Madrid a dar a luz. Hubo suerte y poco tiempo después, su esposo consiguió ser destinado a la isla de La Palma, en donde pasaron algún tiempo hasta que pudieron regresar definitivamente a Tenerife: primero a La Laguna y más tarde a Santa Cruz.
Dama extraordinariamente creyente, doña Selina acudía a misa a la Iglesia de El Pilar todos los domingos por la mañana, y sentía una impresionante devoción por el Cristo de La Laguna, hasta el punto de que nunca faltó a la procesión de madrugada, aunque contara ya con una avanzada edad, o no se encontrara bien de salud. No es de extrañar que haciendo gala de tanta fe cristiana el cura encargado de pronunciar su responso hiciera hincapié en que muchos de los presentes en su funeral habían aprendido el Padr Nuestro gracias a doña Selina. Fueron momentos de lágrimas y congoja para sus hijos, P, J, A, M, S, S, T, I, A, F, B y C que, sin embargo, no pudieron evitar pensar en que, pese a todo, su madre nunca les exigió que pensaran como ella sino que los educó en el cariño y el respeto a los demás.
Y es que sin ninguna duda, los hijos fueron el mayor orgullo que tuvo Selina durante su vida. Tuvo que inculcarles disciplina, ya que lidiar con doce pequeños no era fácil, sin embargo, disfrutaba mimándolos y demostrándoles el profundo cariño que por ellos sentía. Verlos crecer y convertirse en hombres y mujeres de buena fe fue su mayor recompensa que sólo se vio aumentada con la llegada de sus numerosos nietos y sus tres bisnietos a los que adoró hasta el final.
Señora agradable, educada, fina y de una conversación exquisita, sólo los bellos recuerdos que deja tras de sí sisrven hoy de consuelo.
Esta Casa les hace llegar a todos sus familiares y seres queridos nuestras condolencias.

Necrológica publicada el 8 de Febrero de 2008, El Día.

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